El elefante en la habitación: la huelga general frente a la crisis del trabajo

Segunda respuesta a Rubén Morvolution

“Antes ser socialista era más sencillo conceptualmente, ya que el objetivo parecía relativamente claro: si se abolía la propiedad privada y se llevaba a cabo una planificación racional de la economía el resultado sería una sociedad mucho mejor. Y se pensaba que una clase obrera radicalizada lucharía por alcanzar este objetivo. Los debates se centraban en la naturaleza de las relaciones de poder existentes y en cómo motivar a los trabajadores para encaminarse hacia el socialismo. Si es cierto que hoy la sociedad capitalista está entrando en crisis porque se han socavado sus fundamentos en el trabajo proletario, esto nos enfrenta con problemas muy distintos. Y plantea la cuestión de qué significaría vivir en una sociedad que ya no estuviera basada en el trabajo”

Moishe Postone

Quisiera comenzar agradeciendo de nuevo a Rubén Morvolution -a partir de ahora RM- el tono constructivo del debate y la claridad expositiva que desarrolla en su argumentación en el artículo de réplica a mi texto anterior. Y no solo por una cuestión de obligada cortesía, sino también porque el planteamiento que expone refleja de forma muy fiel, en mi opinión, la línea de defensa más acertada de la apuesta por la huelga general desde las fuerzas políticosociales de la izquierda transformadora -tanto de tendencia marxista como anarquista-. Es decir, que la interlocución se desarrolla entre posiciones que realmente aspiran a transformaciones radicales, que van mucho más allá del carácter testimonial de un paro de 24 horas con demandas ilusorias de cariz reformista, que es el marco al que quieren reducir la movilización el sindicalismo de concertación, la izquierda progresista y todo el aparato político-mediático.

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Huelga, sujeto y utopía «positiva»: respuesta a Rubén Morvolution

Un paradigma obsoleto

«No son pocos los que, bajo estas circunstancias difíciles, sueñan con una nueva unidad de clase acorde a los principios de la izquierda tradicional y del movimiento obrero (…). De ahí se deriva la idea, tanto esencialista como metafísica -enunciada especialmente por Lukács-, de que la clase trabajadora representa la totalidad social y, por tanto, debe asumir la conciencia de ello»
Norbert Trenkle

Recientemente se ha publicado un artículo de réplica a mi texto de análisis de la situación del movimiento de vivienda, en el contexto actual de la «revuelta de las acampadas», y de crítica de la apuesta por la convocatoria de huelga general “por la vivienda” para el 11 de noviembre.


Antes que nada, quiero agradecer al autor -de seudónimo Rubén Morvolution, a partir de ahora RM- el tono constructivo y la claridad expositiva en la formulación de sus razonadas críticas y de las propuestas y reflexiones que plantea.

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El movimiento de vivienda ante su Rubicón

“Estos días estamos acampadas en Sol no solo por la defensa del derecho a la vivienda, sino por la creación desde los márgenes de una sociedad no basada en la propiedad privada. Los Centros Sociales Okupados están en la diana de este sistema neoliberal, ya que atacan sus propias bases, la propiedad privada entendida como una forma de acumulación de capital”

CSO La Enredadera

Una olla a presión

«El mercado inmobiliario de ninguna manera es un mecanismo infalible, o siquiera inteligente, que conduzca bajo la dirección de alguna mano invisible a ciudades perfectas y equilibradas. Más bien, es un lugar de combate en el que se enfrentan sujetos de muy distinta naturaleza y en el que se impone el más fuerte. El resultado se aleja por tanto de esa Arcadia ideal y se aproxima más al terrenal -por no decir infernal- campo de batalla que constituyen las ciudades capitalistas”

Samuel Jaramillo

La indignación social frente al drama que supone para las clases populares el acceso a la vivienda ha estallado una vez más. Si bien el levantamiento quincemayista de 2011 no estaba centrado solo en la cuestión de la vivienda, ya que apuntaba hacia un cuestionamiento global -”lo llaman democracia y no lo es”, era uno de sus eslóganes más coreados- del sistema político-económico, su detonante directo fueron las devastadoras consecuencias de la explosión de la burbuja inmobiliaria de 2008.

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Sobre los límites de la crítica

Publico por aquí este comentario al artículo del historiador Agustín Guillamón en la página Ser Histórico «El comunal y su peligro de una deriva reaccionaria. Amorós ante el espejo de Rodrigo Mora».

Vayan dos consideraciones por delante. En primer lugar, comparto hasta cierto punto con el autor dos aspectos de la crítica que realiza a los planteamientos de Amorós en su último trabajo: la excesiva radicalidad en el rechazo total de la tecnociencia capitalista y la reivindicación, demasiado acrítica y poco matizada en mi opinión, de los concejos abiertos o comunas medievales y del regreso al campo o a la cooperación aldeana. Sin embargo, no me voy a extender en estas arduas cuestiones: no son el objeto de la presente misiva.

En segundo lugar, y en base a lo anterior, me parece muy saludable cultivar el género polemista, con amplia tradición en la historia del pensamiento y también de las corrientes de la izquierda social. Sin embargo, he de observar asimismo que quizás resulte excesivo dedicar 7 extensos artículos en dos meses a criticar -sin respuesta que vivifique la polémica- al mismo autor -con el añadido de Tomás Ibáñez en algunos-, con argumentos que resultan bastante reiterativos. Empero, se trata también de una cuestión menor: uno es muy libre, ni que decir tiene, de elegir estrategias y adversarios.

Dicho lo cual, creo que en este caso se traspasan varias líneas rojas, que convierten este texto en un libelo injurioso y que, a pesar de las matizaciones y reservas que el autor -con la boca pequeña- plantea, la asociación por “contaminación” que se intenta desarrollar es un completo despropósito.

No voy a describir aquí ni los rasgos del pensamiento ni la evolución biográfica de Miquel Amorós. Pero pretender comparar, siquiera tangencialmente, su genuino compromiso anarquista y anticapitalista y la fecundidad de muchas de sus aportaciones a la renovación del pensamiento crítico, con la papilla fascistoide -xenófoba, homófoba, reaccionaria, etc.- del señor Mora me resulta francamente estomagante.

Guillamón dedica más de medio texto a discutir, en pie de igualdad y ponderando los matices, la basura ideológica del susodicho. Sin embargo, creo que solo con espigar un par de “perlas” vertidas en sus infumables panfletos resulta más que suficiente para concluir la completa esterilidad de entrar en discusión honesta con semejantes planteamientos.

La primera sobre la inmigración: “Es obvio que los llegados a Canarias y a otros destinos europeos no han seguido tan sabios consejos, no han querido escuchar a los suyos, han venido a Europa en pos del consumo, el dinero y el filibusterismo. Eso dice muy poco en su favor, pudiéndose afirmar que no son lo mejor de cada país. Arriban sin solicitar permiso, despreciando la soberanía de los pueblos europeos, y salen de sus países sin escuchar a la gente más sabia, honrada y moral de ellos y de toda África. Así pues, ¿qué respeto se merecen?”

Y dos más -lo siento, no puedo resistirme-: sobre el feminismo:

“Ya hace años alegué que Podemos, el partido feminista más extremista, era una conjunción de violadores y rameras, esto es, de abusadores de féminas y de mujeres que para hacer carrera política y para llenarse los bolsillos ansían ser violadas por los gerifaltes podemitas, sean estos varones o lesbianas. Ese revoltijo inmundo e inmoral emite frases y retórica feminista simplemente porque el Estado y el capitalismo le paga para que lo haga”.

“El riguroso invierno demográfico vasco tiene varias causas, que son concausas, pero entre ellas una destaca, a saber, la aniquilación del impulso sexual primario, del instinto reproductivo. En la mujer y en el varón. Resolver esto es difícil. El primer paso es realizar la crítica de la errónea y embustera teorética sexual (en realidad antisexual) feminista y, con ello, del feminismo en su totalidad. O los vascos se enfrentan al feminismo o el feminismo aniquilará definitivamente al pueblo vasco”.

Termino ya. El filósofo Diego Fusaro, máximo exponente de la denominada izquierda rojiparda -un reaccionario xenófobo, homófobo y antifeminista, aunque obviamente infinitamente más refinado que Mora-, es un gran defensor de la clase trabajadora, frente a los abusos del capital globalista y las políticas neoliberales antiobreras. Creo que en esto podría haber una similitud tangencial con los reiterados planteamientos de Guillamón sobre el particular. Sin embargo, estoy convencido de que tal coincidencia residual no habilita ninguna “contaminación por asociación”, ya que no “abrirá la puerta a una deriva semejante de Guillamón”. Por lo que, no es en absoluto necesario -más bien podría considerarlo insultante- colocarle en el desagradable espejo de las loas a la clase trabajadora del reaccionario Fusaro para “evitar ese peligro”.

Presentación de «Contra el culto al trabajo» en Taifa Llibres

Comparto el vídeo de la presentación de «Contra el culto al trabajo» en la librería Taifa Llibres del barrio de Gràcia de Barcelona. La grabación fue realizada por el compañero Miquel Chicano, al que quiero transmitirle mi agradecimiento por la valiosa tarea de registro y difusión de eventos que de otro modo se perderían.

El anarquismo en su laberinto

El diálogo de sordos entre el “plataformismo” y el “no fundacionalismo”

En los últimos tiempos se ha desarrollado un áspero intercambio de posiciones entre dos tendencias que, a pesar de mostrarse como mutuamente incompatibles, se adscriben ambas al ámbito ideológico del anarquismo. El detonante de la desabrida polémica fue la publicación en 2024 del libro del teórico e histórico militante libertario Tomás Ibáñez titulado “Anarquismo no fundacional: Afrontando la dominación en el siglo XXI”. Las iconoclastas tesis que se desarrollan en el texto recibieron la enérgica crítica de Miguel Brea, militante de la organización Liza Madrid -creada en 2023-, que se encuadra en una tendencia conocida indistintamente como “plataformismo” o “especifismo”. Ambas denominaciones remiten a la necesidad de la constitución de una organización “específica” que, como expresa su manifiesto fundacional, sea “estable, basada en la unidad política y de acción, ya que creemos firmemente que esta es la única forma de superar los obstáculos y de cambiar la relación de fuerzas”. Los términos de la polémica no destacaron precisamente por su fraternidad. Mientras Ibáñez tildaba, en el artículo que desató la escaramuza, las posiciones defendidas por la organización de Brea de “anarquismo de las cavernas, retrógrado y autoritario”, el título del texto de respuesta de Brea -”Anarquismo no fundacional: anarquismo funcional al capital”- no deja tampoco lugar a dudas acerca del carácter “contrarrevolucionario” que atribuye sin ambages al enfoque de Ibáñez:

“Podríamos hablar, sin exagerar, de que la propuesta de Ibáñez supone un anarquismo funcional: funcional para los explotadores y opresores porque renuncia a construir poder colectivo”.

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